Introducción

Una mirada a nuestro Patrimonio Industrial

Introducción de Jesús Rodríguez Cortezo, Decano del COIIM

Cuando iniciamos, hace tres años, el proyecto “Patrimonio Industrial” éramos conscientes en el COIIM de que queríamos hacer algo diferente de un catálogo de instalaciones, bien que reconocíamos la enorme utilidad de este tipo de aportaciones. Aunque no sabíamos, ni podíamos prever, las incertidumbres y confusiones que se iban a desencadenar prontamente alrededor de los términos “ingeniería” e “industria”, sí conocíamos, los mayores por propia experiencia, los más jóvenes por certera intuición, que este país nuestro no acaba de ser sensible a lo que realmente representan ambos términos.

Para una institución como el COIIM, cuyo ámbito territorial se extiende a casi toda la meseta, esto es especialmente significativo, ya que es inevitable recordar que en este amplio espacio los primeros dimes y diretes alrededor de la industrialización se produjeron en los siglos XIV y XV. Aquellas guerras de la lana (¿a alguien le sigue interesando la historia?) determinaron que la entonces gran potencia europea, la Corona de Castilla, se convirtiera en un país exportador de materia prima e importador de manufacturas, cuando hubiera podido ser un núcleo de industrialización comparable al Flandes de entonces. La ideología de la limpieza de sangre y el “castellanismo viejo” hicieron lo demás. Síntoma de hidalguía era no mancharse las manos trabajando, y sospechoso de antecedentes poco cristianos el dedicarse a actividades de industria o comercio.

No obstante, muchos de nuestros paisanos desde aquellos siglos hasta ahora mismo lucharon y se empeñaron en romper tal círculo

vicioso y en hacer de esta bendita tierra nuestra un lugar más habitable y próspero mediante las aportaciones de la técnica disponible en cada momento. Porque al fin y al cabo, la técnica es eso: poner a disposición de las poblaciones capacidades y posibilidades de actuación que mejoran su calidad de vida o las expectativas sociales, económicas o culturales de los individuos y de la colectividad. Nada más, pero tampoco nada menos. Y es de estos paisanos nuestros, y de las huellas que dejaron, de los que queremos hablar aquí.

Castilla es un muestrario de iniciativas exitosas, no siempre justamente valoradas, y casi siempre desconocidas. Tan falso es el mito de la Castilla grandiosa e imperial con la que adormecieron nuestros años infantiles, como el de una Castilla ensimismada y cerrada a lo que el mundo abierto ofrecía. Castilla ha sido en su historia un país más o menos normal, con luces y sombras, como todos, al que han perjudicado tanto sus corifeos como sus detractores. Los problemas castellanos han tenido raíces mucho más culturales que objetivas. Y en lo que aquí nos ocupa, que es la industria, hay mucho que contar que nunca ha sido contado. Por eso hemos abordado este proyecto.

La aproximación del COIIM al concepto de “Patrimonio Industrial” ha tenido como principal objetivo poner de manifiesto cómo las actividades industriales han contribuido al bienestar y el bien hacer de los castellanos. Para ello, hemos seleccionado un conjunto de instalaciones pretéritas dispersas en el territorio de competencia del Colegio, y en cada una de ellas hemos intentado profundizar en lo que fue y lo que supuso en su momento para su entorno. No están, ni pueden estar, todos los que son, pero los que están son representativos de diversos impulsos de modernización en diferentes momentos de nuestra historia. Impulsos hechos posibles por hombres y mujeres que creyeron en un futuro mejor mediante la aplicación inteligente de las técnicas. A ellos, a estos hombres y mujeres, está dedicado el libro que hemos editado, , como un homenaje a su esfuerzo, tan admirable como, en general, poco reconocido. En este proyecto ha colaborado mucha gente a la que, como decano del COIIM, quiero expresar mi agradecimiento. En primer lugar, a los autores de las monografías aquí recogidas, por su respuesta entusiasta y de tan alta calidad a nuestras peticiones. También a los equipos de las delegaciones del COIIM en las distintas provincias castellanas, todos los cuales, sin excepción, han asumido el proyecto como propio. Y al equipo de relaciones institucionales encabezado por Joaquín Ezcurra y, sobre todo, dentro de dicho equipo, a la responsable directa del proyecto, la ingeniero industrial Carmen Vázquez, que ha puesto en esta labor toda su inteligencia, sensibilidad, y capacidad de trabajo. A todos ellos, gracias en nombre del Colegio.

El proyecto de Patrimonio Industrial es un homenaje a la ingeniería, en la acepción más amplia y noble de este término. Disfrútalo así.

JESÚS RODRÍGUEZ CORTEZO

Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid

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